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Querido blogger: No quiero colaborar contigo

 

colaboración blogger marcaEn esto de las relaciones entre blogger y marcas en el mundo virtual, hay cuestiones que escaman a uno de los dos bandos cuando de hacer negocios se trata. Como blogger, reconozco que hasta hace muy poco tiempo no tuve la suficiente confianza en el potencial de mi blog, como para atreverme a dar el paso de ser yo quien contactase con empresas interesadas en mi sector para lograr algún tipo de acuerdo. Mi blog era un mero pasatiempo, una afición en la que daba rienda suelta a mi pasión por la escritura, a mis inquietudes personales en esta etapa de mi vida y sin ninguna pretensión más. Es cierto que cada día recibía más mails con propuestas para probar productos, acudir invitada a eventos, aceptar acuerdos promocionales o publicitarios, etc. Pero yo nunca moví un dedo para incrementar estos contactos. Simplemente me levantaba cada día, me dedicaba a la gestión de mis posts y mis redes sociales y me sentaba a esperar esos mails con propuestas de todo tipo a los que daba respuesta dependiendo del interés que me suscitasen. Cuando empiezas en esto del blogging no tienes ni idea de si el número de suscriptores que tienes es suficiente, si tus visitas y páginas vistas hacen bulto de verdad, ni si tu número de seguidores en redes sociales causan vergüenza ajena o asombro. Sólo sabes que escribes porque te gusta, de un tema que te apasiona y sin pensar acerca de si el contenido que generas es de calidad, sirve de ayuda a los demás o es sólo una vía de escape para vivir en paz contigo mismo, sin importarte lo que opine el resto de la humanidad.  Sigue leyendo

soy una gurú

No digas que eres una gurú

Vamos a ver, alma de cántaro… Describirte en tus redes sociales como “gurú” es pedante y cae mal, de entrada. Especialmente si tienes menos de 500 seguidores (por decir una cifra). No, así no se hacen las cosas. ¿En qué momento pensaste que era una buena idea describirte como “gurú”? ¿Gurú de qué? ¿Quién dice que lo eres, tú? Francamente, sobrepasa los límites del buen gusto y va más allá, mucho más, que las mentirijillas en tu Linkedin o esas recomendaciones infladas que no se cree nadie más que tu ego.  Sigue leyendo